Parece claro que una de las (escasas) consecuencias positivas de una crisis es el efecto purificador: la purga darwiniana que en todos los sectores hace que se descuelguen los menos robustos de la manada, y que incluso los mejores deban limpiar internamente sus procesos y estructuras de costes para sobrevivir al crudo invierno (nunca mejor dicho, estos días helados).
Este efecto es aún más benéfico cuando se trata de eliminar a los que han crecido de modo tramposo o fraudulento al amparo de los buenos tiempos, y ahora se ven repentinamente expuestos (el amigo Madoff es el mayor exponente reciente, pero los hay más cercanos en sectores "burbujeros").
Pero es precisamente esa sensación de diferenciación, de que "Dios premia a los buenos y castiga a los malos" la que resulta reconfortante (si eres o quieres ser de los buenos, claro!). Si se cae, voluntariamente o no, en la generalización, resulta frustrante que se meta en el mismo saco a los tramposos y a quienes han mantenido una trayectoria a base de esfuerzo y sin salirse del camino para atajar.
Empieza a hablarse estos días (supongo que se irá sabiendo más) del caso de una empresa india (hindú, no piel roja) de outsourcing / offshoring tecnológico: Satyam, la cuarta del subcontinente por importancia tras Infosys, Wipro o Tata. Su CEO ha dimitido al descubrirse un (aparentemente) enorme fraude en las cuentas. Hasta aquí, nada nuevo: desde Enron hasta Madoff, hemos visto (y lo que te rondaré, morena) unos cuantos de estos casos.
Pues bien: en las primeras valoraciones del caso, empieza a decirse que el caso tendrá impacto de imagen... sobre las empresas indias del sector! (y que por tanto beneficiará a otras occidentales como IBM o Accenture)
http://www.cincodias.com/articulo/empresas/caso-Satyam-ensombrece-futuro-outsourcing-indio/20090109cdscdiemp_25/cdsemp/
No soy precisamente del club de fans de estas empresas indias. En mi (limitada) experiencia con algunas de ellas, he percibido un voluntarismo simplificador que está reñido con el realismo, y a veces puede incluso confundirse con el servilismo "yes, sir" de los tiempos del Imperio (Británico, claro).
Además, con estas empresas pasa como con algunos otros sectores en países como España, que tras unos años de crecimiento explosivo caen en el adanismo de pensar que ellos inventaron el mundo (lo que agrava la "sobresimplificación" que mencionaba antes). De los crecimientos rápidos hay que desconfiar como de los regímenes de adelgazamiento de pérdidas inmediatas - "easy come, easy go", dicen los anglos.
Pero entristece que por uno (o seguramente varios) tramposos en una compañía, se ponga en cuestión automáticamente la honradez de sus competidores. El "caso Satyam" debe ensombrecer, si acaso, el futuro de Satyam, pero no necesariamente de sus compatriotas. Claro que seguramente habrá una componente chauvinista, sea involuntaria (desde aquí, nos parece que todos los hindús deben ser iguales) o intencionada (todo ayuda a que los competidores occidentales se recuperen un poco)
En fin, que juntar en el mismo saco a justos y pecadores sólo beneficia a los pecadores, incluso en la India: seguro que Brahma también premia a los buenos y castiga a los malos.