Anoche (aprovechando que una guardia nocturna me dejaba de soltero) vi la primera parte de "No Direction Home", el documental biográfico sobre Bob Dylan que Martin Scorsese recopiló en 2005. Nunca he sido un verdadero fan de Dylan (los discos que tengo son regalos), quizá porque musicalmente no resulta tan limpio o emotivo como muchos otros, pero mi respeto por él ha ido creciendo a medida que reconozco la magnitud de su influencia en la música y la sociedad en los últimos cuarenta años, y sobre todo la coherencia de una carrera marcada por la evolución personal y nunca por el impacto público de su obra (más bien al contrario).
Pero siempre impresiona el acercarse a un mito viendo imágenes que muestran su evolución - los cinco DVDs del "Anthology" de los Beatles (que tengo prestados de Solarsister desde hace años - qué vergüenza!) tienen una atracción magnética y uno los puede ver decenas de veces sin dejar de sobrecogerse por quienes estaban escribiendo la historia sin ser conscientes.
Aquí la impresión es distinta: no hay un talento musical sobrehumano como el de Lennon & McCartney (sobre todo el segundo, aunque sea un soso), ni una gestión genial de la imagen de cuatro jóvenes guapos (que se sigue imitando casi medio siglo después con los Jonas Brothers), ni una voluntad al menos aparente de conseguir fama y fortuna. El joven Zimmerman huye de su infancia gris y helada en Minnesota (resulta duro oírle decir fríamente que nació en el sitio equivocado) y, como poseído por un destino personal, a pesar de no contar ni con un físico agraciado, ni ser un buen instrumentista ni tener siquiera una voz agradable, se embarca en un aprendizaje de la tradición folk y se sumerge con disciplina en el burbujeante ambiente beat del Greenwich Village neoyorquino, hasta que va encontrando una voz propia a fuerza de imitar incansablemente a otros. Resulta chocante ver que el compositor de decenas de canciones legendarias pasó sus primeros años haciendo solamente versiones de otros, hasta que se decidió a escribir su primer tema, un homenaje a Woody Guthrie.
Interesante también ver su relación personal y profesional con otro mito emergente de la época, Joan Baez (que medio siglo después admite generosamente que, a pesar de tener una voz y un dominio de la guitarra muy superior, ya entonces tenía claro que él sería la leyenda). Dos fragmentos de la luminosa química de la pareja cantando "With God on Our Side" en Newport 1963: http://www.youtube.com/watch?v=ziuMEX2SeK0
Ah, y para quienes, fans o no de Dylan, hemos tenido siempre la portada de "Freewheelin'" como una de las más hermosas de la historia, también resulta enternecedor ver a la ahora envejecida Suze Rotolo, que en la imagen era la novia feliz y enamorada con la que cualquier chaval (yo el primero, cuando hace treinta años veía esa portada en las tiendas de discos) habría soñado pasear por Nueva York nevado. El festival folk de Newport, un clásico, nos deja ver juntos a lo mejor de cada casa en 1963: Pete Seeger, Peter Paul & Mary, Joan Baez,los Freedom Singers ... todos acompañando al chavalito feo y esmirriado que empezaba a componer himnos que sobrepasaban su alcance inicial: A Hard Rain's a-Gonna Fall, Blowing In the Wind, With God on Our Side...
Y lo más sobrecogedor de todo para aquél que conozca algo de la historia de la música popular: el hilo conductor del documental es un concierto de Dylan en 1966 en Manchester cuando, recién iniciada su etapa eléctrica, una parte del público le llamaba Judas por traicionar al folk y quería cortar los cables de los instrumentos: la historia se estaba haciendo en ese concierto, y la cara de Dylan, desafiante pero enormemente tenso, refleja ese movimiento telúrico.
...Y aún me falta por ver la segunda parte!! Mis respetos para el bardo de Minnesota.
P.S: Que a qué viene esto? Bueno, si hay algo que me ocupa un lugar más grande que el trabajo, es la música (aunque le dedico mucho menos tiempo, vive Dios)... y pensando en el post anterior, no hay un mejor ejemplo de "conceptual thinking" que un verso del Dylan de los sesenta, el que condensaba una generación en una frase letal.
